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ARTICULOS DE LA EPOCA PARA SERVICIOS DE INHUMACION

Los administradores debían vivir en el cementerio y permanecer en el constantemente (Art.22), vigilar que no se realicen inhumaciones en otros panteones clausurados (Art.16), Mantener orden y limpieza (Art.18), así como atender a los deudos con decoro, no permitir que se realice ninguna inhumación sin recibir la boleta del Juez del Registro Civil y sin cerciorar que expresa la boleta, sin olvidarse de llevar los registros de inhumaciones y exhumaciones tal como lo establecía el reglamento.

Artículos Sobre Inhumación

En el articulo 25 se establece con precisión que en el caso de inhumaciones se asentara en el libro numero de la boleta expedida por el Juez del Estado Civil, el del sepulcro en que se verifica la inhumación, el de la clase, según sea, gratuita o de algunas de aquellas por la cual pagan pensión municipal, nombre de la persona, edad, sexo, enfermedad de que murió, y nombre de la persona que se encarga de diligenciar el servicio de inhumación, fecha en que esta tuvo lugar. Este reglamento aplica también para los cementerios particulares y estuvo vigente hasta 1930. Cuando Fue sustituido por otros reglamentos.

En caso de nuestro primer cementerio, y céntrico e ignorado en la avenida independencia, de ciudad nueva que tiene ya 500 años de existencia. A partir de esa fecha no ha podido sacudirse la triste imagen de la ciudad sucia descrita por Eugenio Mario hasta el final del siglo XIX. Desorganización anárquica sin urbanidad es hoy Santo Domingo modelo de un caos urbano con 5 (Cinco) municipios. En una de ellas, en un extremo el Parque Independencia, tras majestuosos laureles centenarios se cobija este monumento nacional donde la gran mayoría de las muertes que allí yacen (los restantes cuyas lapidas nos recuerdan que partieron dejando penas y tristezas, son anónimos), han escrito paginas ilustres de nuestras historias, sobre todo del siglo XIX; siglo en que se forjo la identidad del pueblo Dominicano. Este cementerio nos ofrece mil y un aspecto de extremo interés: la arquitectura mortuoria nos dan muestra de la nada existentes en aquel entonces en tornos a materiales, lapidas y esculturas funerarias; las clases sociales se reproducen aquí en este espacio sacro, con mas fuerzas, las enfermedades y epidemias del pasado siglo XIX, arrastran sus tragedias en numerosas tumbas de infantes y adolescentes; de igual modo la tragedia como el Ciclón San Zenón y la guerra del 1965, y así mismo el propio abandono del camposanto, triste realidad de nuestros días.

El primer cementerio fue inaugurado el 29 de Agosto de 1824, durante el gobierno de ocupación Haitiana (1822-1844), presidido por Jean Pierre Boyer, el primer entierro fue de Juana Flores, ciudadana Dominicana que se convirtió en la varonesa del cementerio.

En 1826, se enterró el primer judío nacido en Ámsterdam (Holanda), llamado “Pardo Matif”, muerto a los 46 años de edad. (Para este entonces el cementerio tenia 40 varas de frente y 58 de fondo.)

Pocos años después termina la invasión Haitiana de 1844, y luego fue la anexión a España poco años después se promulga un decreto el 17 de Mayo de 1853 que prohibía enterrar a los muertos en patios de Casas e Iglesias, y por decreto que a cargo del Ayuntamiento el mismo 17 de Mayo del 1853.

En 1854 el ayuntamiento comienza a construir la pared de mampostería, en 1865 el mismo se ampliaba con los terrenos llenos de la sabana del estado del rey, por eso se llamo primer cementerio de la sabana, después Católico y mas tarde con la apertura de la vida cultural y social del país Cosmopolita.

El Cementerio de ciudad nueva fue el primer cementerio católico, pero en 1853 se concedió al cónsul ingles radicado en el país (Sir Hermann Schomburgh), parte del terreno para enterrar a sus conciudadanos lo cual provoca grandes revuelos por ser aquellos en gran mayoría judíos. Así se dividió en dos un lado católico y arrinconado en el sur el judío, hasta que en 1862, Elías Gross, pastor de la iglesia metodista africana pidió permiso para enterrar los muertos de su región procedentes del extranjero. Entonces el cementerio se dividió en tres. En 1865 la parte norte fue escogida para sepultar las victimas del cólera y de la influenza (Gripe), ubicándose allí fosa común.

El 21 de Septiembre de 1880 fue creada la primera organización llamada Cosmopolitan. Esta s e encargaría de sanear y cuidar el cementerio (compuesto por Eugenio Marchena, Namir de Castro, Samuel y Rafael Curiel).

En 1883 se le hizo su primera restauración durante el gobierno de Ulises Heureaux con una inversión de RD $1,125.00 fuertes para la construcción del enverjado de hierro. Así el cementerio quedo bien delimitado en las afueras de la ciudad, ciudad que había visto derrumbar parte de la muralla para la construcción del parque independencia el 11 de febrero del 1844.

El 29 de Marzo del 1887, por disposición del ayuntamiento el cementerio se llama definitivamente “Cementerio municipal”, con 41 Pies de largo y 10 pies de ancho. En el cementerio judío permaneció la corona inglesa hasta 1915, arreglo del que fue autor el señor Benjamín de León. En ese mismo año el Sr. Benjamín de León y Abraham León cónsul ingles gestionaron la donación de terrenos del cementerio hebreo dando lugar en 1916 a la escuela en la parte norte del cementerio (Escuela Normal Superior de Varones de Santo Domingo, hoy Colegio San Pio) limitado al sur con sus calles estrella y canela.

En ese momento las divisiones del cementerio desaparecieron y un muro uniforme fue construido en el interior del mismo.

Para 1943 la ley 214 del 4 Marzo traspaso definir levemente el mantenimiento de los cementerios al ayuntamiento. En 1989 fue declarado monumento nacional y en 1991, por el decreto 390-91, su conservación quedo a cargo de patrimonio cultural.

Para ese entonces la ciudad tenía tres (3) parques comerciantes: El Colón, el Duarte y el Padre Billini. En el censo se reportaron dos cementerios el municipal y el católico, con sus paredes de mampostería y verja en hierro, y el cosmopolita judío con verjas de madera. Santo Domingo era una pequeña ciudad aldeana, bien frágil frente a los ciclones y otros desastres naturales cuya vida económica dependía de su puerto, donde comerciante y mercancías llegaban desde todos los rincones del mundo.

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